PAUSA FORZOSA. DIARIO DE UNA CUARENTENA

Cuánto hace que no me pasaba por aquí, y no puedo echarle la culpa a la pandemia porque esto viene de antes, pero al no tener ordenador se me hace difícil e incómodo escribir. Espero poder solventar este tema pronto y así poder actualizarnos de manera más continua y constante. Si queréis saber de nosotros a diario podéis seguirnos en instagram Echo de menos escribir aquí y a vosotrxs. Que conste que sigo escribiendo, no puedo vivir sin hacerlo, pero he vuelto a los tiempos de la libreta y el boli, y oye, no me acordaba de lo bonito que era eso. Y este post viene a colación de eso mismo, escribir y reflexionar. Creo que todos, durante esta pausa forzada que nos han impuesto, hemos reflexionado, pensado y espero que, también, aprendido mucho. Yo voy a compartir con vosotros las conclusiones que saqué y de qué me ha servido esta situación.

Todavía recuerdo el día que comunicaron que nos iban a confinar 15 días. Para los que tenéis niños muy activos que necesitan calle y quemar energía a diario, os imaginaréis lo que me pasó por la mente y el agobio que me entró al saber que, durante 15 días (sin imaginar todo lo que nos vendría después) tendríamos que estar él y yo solos sin salir de casa. Al final fueron 45 días aproximadamente que #terremotoDaniel no salió de casa y que no nos despegamos, a excepción de unas cuantas veces la basura y otras pocas al supermercado, cuando la cosa iba mejorando. Fue una decisión acordada que el niño estuviese conmigo porque no estaba trabajando en ese momento y era lo más seguro.

Las dos primeras semanas, no os voy a engañar, lo pasé mal. Pero no porque llevásemos mal el confinamiento ninguno de los dos. Lo pasé mal por mi culpa, por la autoexigencia a la que estoy acostumbrada, por querer tenerlo todo bajo control y organizado al milímetro. No dejaba de prepararle actividades al niño para tenerlo entretenido, circuitos para que desfogase, tareas del cole, cocinábamos bizcochos… tenía una obsesión con mantenernos ocupados todo el día.

A partir de los 15 días, y viendo que la cosa se alargaba, cambié el chip y todo mejoró de manera notoria. Empecé a relajarme y a disfrutar de esa nueva rutina impuesta, pero que a la vez tanta falta nos hacía. En mi día a día estaba acostumbrada a andar como pollo sin cabeza, corriendo a todos los lados para ganarle la carrera al reloj y que me diese tiempo a hacerlo todo, sin disfrutar de nada: Trabajo, gimnasio, comer, buscar al peque, parque, casa, recoger, baño, cena, preparar comida para el día siguiente, lavadora, limpieza, sueño escaso y malo…. Ahora lo pienso y me parece surrealista que pudiese hacer todo eso en un día.

Empecé a disfrutar del lujo de despertar sin horarios ni prisas, desayunos compartidos con el peque, ver pelis a deshoras, tirarnos en el sofá porque ese día no nos apetecía hacer nada, jugar a la tablet… y creo que fue el truco para llevarlo mejor. Con deciros que la frase del niño cuando le preguntaban qué tal lo llevaba y si quería volver al cole era:

No, yo ya no quiero volver nunca más al cole, me gusta estar en casa con mi mamá. Yo soy muy feliz así”.

todo saldrá bien

Por todo esto, aprendí que la vida hay que disfrutarla un poco más, que no se puede hacer todo con prisas, porque las cosas verdaderamente importantes son las más simples y las que siempre nos pasamos por alto o dejamos para “otro momento”. Que si hoy quiero estar en el sofá sin hacer nada porque he salido cansada del trabajo, tengo que permitírmelo, que nadie está vigilándome para juzgarme, mas que yo misma. Que si hoy la cena del peque no es tan elaborada no significa que no vaya a chuparse los dedos. Que si la casa no se limpia hoy, mañana será otro día.

Que exigirse demasiado hace que todo parezca poco, que no se disfruten las cosas porque nunca estarán lo bastante perfectas y nunca estaremos haciendo todo lo que deberíamos según nuestro punto de vista.

Que los problemas hay que relativizarlos, que bastantes desgracias ocurren como para quejarnos de cosas sin sentido y banales. Que, quedarnos en casa con wiffi, tele, cama, sofá, comida, agua, luz… y todas las comodidades y seguridades de un hogar, no es un problema. Los problemas vienen a raíz de perder trabajos, no tener dinero para comprar, para pagar la hipoteca… pero no es un problema no poder ir a pasear, o ver a tu familia en persona (benditas tecnologías)

Pero, por encima de todo, lo que he descubierto es que los niños nos han vuelto a dar una lección increíble. Cómo han llevado esta situación, o por lo menos el mío y los que yo conozco, es para quitarse el sombrero. Tienen un poder de adaptación mejor que el nuestro. Respetan las normas sin rechistar, no se quejan tanto y comprenden que, en estos momentos, hay cosas que no pueden ser.

Por eso he aprendido que quiero seguir aprendiendo lo máximo que pueda del #pequeñoterremoto

Porque es una de las cosas buenas de tener hijos, porque mientras tú piensas que le estás criando y educando, estás creciendo, aprendiendo y mejorando.

y tú, ¿cómo has vivido esta situación?

un saludo y hasta pronto.

Jen

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